Es verdad que no creía que interesase
a nadie su primer tatuaje en el “ya” año 2014, pero como de
variadas ideas y costumbres está el mundo, se decidió a crear un
blog donde narrar la historia de su primer tatuaje.
Cabe destacar que no era una persona
poco sociable, aunque para la moda actual se hallaba entre dos
caminos; en un lado los nacidos años antes que Pato Cuack. Esos
seres eran personas criadas en la movida, en las chaquetas vaqueras
desgastadas y en los tatuajes de tribales, esos tatuajes que llevaban
personas demasiado atrevidas... porque escuchar a Ana Torroja
inyectado de alguna sustancia ilegal blanda, era atrevido, pero
dejarse meter tinta con agujas...eso era pasarse. Y en otro lado,
estaban los llamados “hipsters”, modernos que entienden el
tatuaje como algo mas que normalidad en la vida. Esas personas eran
tan modernas que si había un anuncio de detergente que les gustará,
al día siguiente tenían su tatuaje de la marca en un brazo. Vamos,
lo que diría Chefiña: “non sabedes deixar madurar as ideas”.
Por cierto, no tiene nada que ver con
todo lo escrito hasta ahora, pero debéis saber que los calcetines
nunca se pueden vestir de diferentes parejas, lo aprenderéis algún
día de alguien muy importante para vosotros.*
Y con este conflicto de generaciones,
Justino decidió que ya iba siendo hora de desvirgarse la piel, de
grabarse para siempre, de colorearse su palidez caucásica, vamos,
coño, de hacerse un tatuaje.
*Primera
lección de Pato Cuack

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